Reflexión del día: Bullying

10 jun. 2015

Últimamente y gracias al derroche de pésimas noticias que aparecen en los distintos telediarios, me siento como desbordada por todos los pensamientos que se me pasan por la cabeza, preguntándome a dónde hemos ido a parar y cuando va a terminar esta racha de deshumanización que estamos viviendo. Por esta razón, hoy quiero hacer una reflexión sobre un tema que no solo considero importante, sino también muy dentro de mí, ya que tuve la mala pata de vivirlo en mis propias carnes. Con esto no pretendo dar lecciones de moralidad a nadie, simplemente mi opinión sobre un tema que me preocupa y que, creo que no se le da la importancia que merece. Hoy no voy a hablar de libros. Tampoco de cine. Hoy voy a hablaros del acoso escolar, más conocido como bullying y lo hago con la intención de poder ayudar de alguna manera a todas esas víctimas que lo sufren. 
La noticia del suicidio de la niña discapacitada de un colegio de Madrid me dejó bastante huella. En primer lugar, todos aquellos delitos que se cometen contra la infancia me impactan bastante, pero los que suceden debido al acoso escolar no solo me dañan y me provocan tristeza, sino que pueden llegar a sacar lo peor de mí. En otras palabras, me cabrea mucho que ocurran este tipo de hechos. En el caso de esta niña, estamos hablando de una menor a la que se le pasa por la cabeza la idea de quitarse la vida. Solo hay que imaginar las cosas terribles que esa pobre chiquilla estaba sufriendo en el colegio, en silencio y consciente de que nadie iba a ayudarla, porque esa es la triste realidad, que nadie hizo nada por solventar el problema. He leído en algunos comentarios de internet barbaridades como que "al ser discapacitada no sabía lo que hacía". La bestia que haya escrito eso no tiene ni la más remota idea de lo que está hablando. Se sea discapacitado o no, cuando una persona opta por quitarse la vida es que el dolor y el sufrimiento con el que carga se vuelve insoportable
Llevo mucho tiempo queriendo escribir algo relacionado con este tema, pero nunca he sabido cómo hacerlo y supongo que en cierta medida no he tenido el valor suficiente, pero ahora creo que debo hacerlo, que con lo que voy a escribir tal vez pueda aportar mi granito de arena (algo más de lo que muchos hacen), con respecto al acoso escolar. 
Yo sufrí acoso escolar. Viví con ello durante cuatro años de mi vida. Hoy por hoy, cuando miro hacia atrás, me resulta triste tener que decir que no recuerdo mi época del colegio con alegría. Apenas conservo recuerdos bonitos de aquellos años, por muy difícil de creer que resulte
¿Por qué yo? Esa es una pregunta que me ha atormentado durante muchos años. ¿Por qué se burlaban de mí? ¿Por qué me convertí en el blanco de todas las risas y humillaciones? Y la conclusión a la que he llegado ha sido porque sí y ya está. Me tocó a mí como pudo tocarle a otra persona. Así de selectiva es la crueldad de los niños. Quiero pensar que vieron en mí un blanco fácil precisamente por mi inocencia. Yo no me metía con nadie, iba siempre a mi bola y tenía un grupo de amigos majo, pero de repente decidieron que mi cara, por alguna razón que todavía no entiendo, era demasiado plana y ese fue mi mote durante los primeros años de colegio. Cara plana. Cara plana por aquí, cara plana al entrar en el colegio, cara plana al salir de él.... Todo el día. Así empezó todo. Os estoy hablando de que por aquella época tenía cinco años, no más. Al final del día, cuando acudía a mis profesores en busca de ayuda siempre me decían lo mismo. Hablaremos con ellos.

Eso fue el preámbulo de lo que sucedió durante los años siguientes
Recuerdo que llegó una niña nueva y que de la noche a la mañana, mejor dicho, de recreo a recreo, mis amigos me abandonaron y se fueron con ella. ¡Tenía mucho poder de convicción aquella niña! Yo no sé cómo, pero mis amigos pasaron de ser mis amigos a ser los suyos. Me quedé sola, para que voy a disfrazarlo, aunque recuerdo con mucho cariño que me pasé esos días de recreo jugando en un grupo de chicos a carreras y con coches. De no haber sido por ellos, mi soledad habría sido completa. Siempre les estaré eternamente agradecida. 
Las cosas fueron a peor. Aparte de dejarme de lado y marginarme, los insultos y las burlas continuaron. Un día, esas burlas se volvieron humillaciones, todas y cada una de ellas orquestadas por esta niña, que se había convertido en la líder de la clase, por así decirlo. Entre algunas de las actividades que emprendieron contra mi persona estuvo la de bajarme los pantalones y las bragas delante de medio patio, encerrarme en cuartos de baño, tirarme tierra a la cara, tirarme una piedra en el ojo.... Cuatro años dan para mucho. Pero una de las cosas que más me marcó y que me lleva directamente hacia donde quiero ir, fue el día que esta niña me invitó junto a mis amigas a su casa para una quedada. Llegué, me atendió y todo iba bien hasta que llegaron las otras niñas. En ese momento se metió con ellas en su habitación y yo me quedé sola en el salón con su madre. Recuerdo que llamé a mis padres para que vinieran a recogerme. Pero ahí es donde quiero llegar. ¿Por qué la madre no dijo nada? ¿Es que le parecía normal que su hija actuara de esta forma conmigo? 
Los padres son los que primero deben inculcar el respeto a sus hijos. Yo en ese sentido siempre tendré la conciencia bien tranquila, porque mis padres, desde que soy muy pequeña, me han educado en el respeto y no me duelen prendas al decir que el dicho "Lo que no quieras que te hagan a ti, no se lo hagas tú a los demás", es uno de los lemas con lo que actúo casi a diario. Los padres tienen la principal responsabilidad de educar a sus hijos en el respeto. Son los primeros que deben parar los pies de sus hijos cuando acometen semejantes actos de odio, pero resulta muy duro decirle que no a un niño por lo que veo, o tener que levantarle la voz o reprenderle. Parece como si los niños fueran de cristal y lo único que se consigue con esa actitud de protección (errónea, tal como yo la veo), consentimiento y pasotismo, es generar niños autoritarios y tiranos.

Los profesores no se salvan. Estoy harta, pero no sabéis hasta que punto, de que cuando sucede una tragedia de este calibre, siempre se diga que los profesores estaban al tanto de lo que sucedía. En realidad es una cuestión que enlaza con la de la educación y el respeto que los padres deben enseñar a sus hijos, pero a mi modo de ver, muchos profesores se acobardan ante estas situaciones. Desde aquí quiero decirles que estar al tanto de una situación como esta y no hacer nada por evitarla, les convierte en igual de culpables que los agresores. El problema es sencillo y cada vez más común: un niño agrede a otro y el profesor simplemente le alecciona de que lo que ha hecho no está bien. Cuando la agresión se vuelve a producir, se sube un escalafón y se junta a los dos padres para dialogar sobre el tema y así sucesivamente... No señores, el diálogo no es la solución ante un caso de acoso escolar. Los profesores, tal como yo lo veo, se acobardan frente a este tipo de estudiantes. Lo sé por experiencia propia. Mi hermana, que es más pequeña que yo, viene contando cosas horribles que tienen lugar en su instituto, verdaderas agresiones y violaciones de las reglas diversas que simplemente se solucionan con una amonestación. ¿Perdona? ¿Un niño pega a otro hasta casi dejarlo en coma y solo se le pone un parte? Lo siento, pero así no funcionan las cosas. El acoso escolar, cualquier forma de agresión en general, debe ser cortada de raíz y si hay que expulsar a un niño, se le expulsa y listo. Porque esa es otra. ¿Cuántas víctimas de acoso tienen que cambiarse de centros? No sé los números exactos, pero os diré que yo, la víctima, tuve que cambiarme a otro colegio. ¿Por qué tuve que hacerlo? ¿Por qué no enviaron a otro centro a las personas, por llamarlas de alguna forma, que hicieron de mi paso por el colegio un infierno? 
La sensación que tengo con respecto a este asunto es muy agridulce. Siento que la sociedad se vuelca con causas como el hambre, la violencia de género, atentados... No estoy diciendo que no haya que volcarse con estas causas, al contrario, es necesario hacerlo pero, ¿qué pasa con las víctimas del acoso escolar? ¿Por qué no se establecen leyes que lo condenen con tanta presteza como se hace en otros ámbitos? Eso será porque no conocen lo duro que es vivir con el acoso escolar. Y, por cierto, no es algo que se olvide así como así. Las víctimas de acoso escolar no dejan de serlo de la noche a la mañana. 
Y no dejan de serlo porque las secuelas emocionales persisten durante muchos años. En mi caso, tras varias visitas a psicólogos, la más reciente hace algunos años, puedo decir que es ahora, a mi edad de 25 años, cuando empiezo más o menos a vivir. Y sí, digo vivir. Por muy duro que suene, hasta hace un año no me sentía viva y prácticamente estaba en este mundo por estar: estudiaba, llevaba a cabo mis aficiones, salía con mis amigos... pero no estaba. Era como vivir sin estar viva. Los traumas provocados durante aquellos años han vivido conmigo hasta hace bien poco y por supuesto, han sido un verdadero lastre en mi día a día. Por citar algunas de las consecuencias derivadas de aquellos años, algunas de las cuáles persisten hoy día:

  • Falta de autoestima: yo no me creía valiosa. Me pasé años pensando que no valía para nada y que no sabía hacer nada útil, que todos eran mejor que yo. Me veía chiquitita e insignificante y no me valoraba ni físicamente ni intelectualmente. 
  • Falta de confianza: los acontecimientos vividos durante aquellos años de colegio, más otras decepciones que siguieron en los últimos años de instituto y de las que hablaré en otro momento, han hecho de mí una persona muy desconfiaza y por consiguiente introvertida. No confío en la gente hasta que pasa mucho tiempo. Para que os hagáis una idea,  conocí a mi mejor amiga el primer día de la universidad. A pesar de lo mucho que me demostraba que me apreciaba, que se sentía bien conmigo, yo no confié 100% en ella hasta que pasaron casi dos años. Siempre tenía la sensación de que hablaban de mi a mis espaldas, de que me ponían buena cara y que por detrás hablaban mal de mí. Me volví completamente paranoica y eso hizo que no viviera con intensidad ni alegría algunos años de la universidad, cosa de la que me arrepiento muchísimo. 
  • Dificultades sociales: enlazado con el tema del autoestima y la confianza, me costó mucho abrirme a nuevas personas. Esta sensación sigue estando presente hoy día, pero noto que algo menos fuerte y que me voy atreviendo a conocer gente nueva. No obstante, es algo que cuesta. ¡Y ya no voy a hablar en lo referente a conocer chicos! Mi falta de confianza, el miedo al rechazo, me frena muchísimo a la hora de ligar porque siempre tengo la sensación de que me van a humillar (tal vez sea porque una de mis múltiples humillaciones en el colegio fue perpetrada por el chico que me gustaba). Por otra parte, pienso que todo lo que he sufrido, los traumas que, aunque luche contra ellos, siempre van a estar ahí, puede que dificulten mi vida en pareja. Espero estar equivocada. 
  • Miedos: miedo a la humillación, miedo al ridículo, miedo a las habladurías... Debo reconocer que este apartado lo tengo superado. Ya no me asustan las cosas que me asustaban antes y me siento muy capaz de hacer cosas que jamás habría imaginado llevar a cabo. 
¿Cómo empecé a superar el acoso escolar?
Fueron una serie de acontecimientos, como pequeñas migas de pan que fui recogiendo y que me ayudaron a tener otra visión de mi misma. Hace años me daba mucho miedo ponerme delante de una clase llena de gente, pero un día, en un curso de inglés intensivo al que me apunté, uno de los exámenes consistía en hacer una presentación en público. Me puse super nerviosa y cuando terminé mi profesora me felicitó, poniéndome además un 9 de nota. Me dijo que hablaba muy bien y que mi ponencia le había parecido de lo más interesante. Ese reconocimiento, algo tan simple como eso, me marcó para bien. No es que no me reconocieran antes. Mis padres siempre lo han hecho, pero en el fondo son padres y están ahí para apoyar a los hijos. Supongo que lo que buscaba era el reconocimiento de los demás. Empecé a conseguirlo, pero faltaba la parte más importante: reconocerme a mí misma. 


En cuarto de carrera tomé una decisión drástica, sorprendente para todos los que me conocían y me marché a Irlanda a trabajar de au pair durante 5 meses. Hoy por hoy, es una de las decisiones más acertadas que he tomado. Conocí a una familia a la que quiero, que me trataron como a una hija más, pero lo más importante de aquella experiencia fue que me di cuenta de mi valía. Me sorprendí desenvolviéndome a la perfección en un país desconocido, cuidando a unos niños que no eran míos, hablando un idioma diferente y comprobando que me entendían... Fue la experiencia más enriquecedora de mi vida, además de que me hizo conocer Irlanda, país del que estoy enamorada. Cuando regresé a España me sentía como nueva, colmada de un orgullo que nunca antes había sentido. Tanto fue así, que el año pasado regresé a Irlanda pero por más tiempo. Me marché durante casi ocho meses y de nuevo, fue una experiencia de lo más increíble, a pesar de que la familia con la que estuve me puso las cosas difíciles. Aprendí, viajé, mejoré mi inglés y me saqué el certificado C1, casi un nativo. ¡Yo, la que no se valoraba gracias a las burlas de aquellos niños! Y lo más importante, conocí a otras au pairs, algunas de las cuáles puedo decir que son muy buenas amigas, a pesar de que vivimos en la distancia, siempre estamos hablando, llamándonos por Skype, organizando viajes... De hecho, una de mis amigas, residente en Alemania, vendrá a verme en Julio. 
Por supuesto, la ayuda de psicólogos y terapeutas fue crucial, sobre todo cuando hace unos tres años tuve una recaída de la que yo misma me di cuenta. Impulsada por ansiedad y nervios, empecé a arrancarme pelos de la cabeza y a hacerme cortes en los brazos. Yo misma me di cuenta de ello y llamé a una psicóloga que durante casi 2 años me ayudó muchísimo. Gracias a ella di otro paso hacia delante en mi recuperación y conseguí lo que nunca antes había conseguido: sentirme en paz conmigo misma. 

¿Cómo luchar contra el acoso escolar?
Aquí os ofrezco algunos de mis consejos, tanto a los que sois o habéis sido víctimas y a los padres. Como digo siempre, es mi más modesta opinión. 
  • Ignorar a los agresores no es una solución. Los padres, al menos los míos, me decían siempre eso de "no hay mayor desprecio que no hacer aprecio". Es totalmente falso. El silencio, el pasotismo, es entendido por los agresores como una especie de sumisión y eso les da fuerzas para seguir haciendo de las suyas. Mi consejo: una vez que hayáis sufrido la primera agresión, ya sea física o verbal, denunciarlo y si prosigue, plantad cara. No soy partidaria de la violencia, pero si es necesario darle una bofetada a aquella persona que me la ha dado a mí antes.... 
  • Hablad con alguien. Si no queréis hablar de este problema con vuestros padres, aunque lo cierto es que deberíais, acudid a alguien más. No importa si es otro familiar, un amigo, un profesor... Cualquier confidente es válido. No os guardéis ese dolor para dentro, porque las consecuencias serán mil veces peores para vosotros. 
  • Jamás permitáis que alguien os diga que no valéis. No escuchéis. No hagáis caso. Todos tenemos nuestro valor. No permitáis que os hagan sentir pequeños o indefensos. Haced oídos sordos a esos comentarios. Todos destacamos por algo. Solo tenemos que creer que así es. 
  • En cuanto a los padres, mi consejo es que si vuestros hijos están sufriendo acoso escolar, que apartéis las buenas formas y delicadezas a un lado. Vuestros hijos lo sufren, pero hacedme caso cuando os digo que el mal acaba extendiéndose por toda la familia. Poneos firmes con los profesores y si no hacen nada subid escalón tras escalón hasta llegar si hace falta al Defensor del Menor. Actuar con rapidez, con mano firme y no dejéis pasar las señales que, con toda probabilidad, vuestro hijo irá mostrando: silencio, miedo a ir al colegio, falta de apetito... Dad importancia a esas señales antes de que sea demasiado tarde. 
  • ¡No a las redes sociales! Las redes sociales son un caldo de cultivo para casos de acoso escolar o acoso virtual. Un niño de 11 años no puede tener una cuenta de Tuenti o Facebook, por el amor de Dios. Con esa edad, el uso que se hace de estas redes es estúpido, imprudente y dañino. Como padres, debéis limitar el acceso de vuestros hijos a estas redes. En el caso de que seáis del tipo de padres que lo permiten, compartid contraseña con vuestro hijo y vigilad dónde se mete y qué hace. 
  • Los profesores. Por favor, basta ya de tonterías y de pacifismo. Sé que algunos tienen miedo a las reacciones de los padres y de los propios alumnos, lo que es todavía más preocupante. Sois educadores y mientras los niños están en el colegio son vuestra responsabilidad. Luchad con hechos desde el primer momento en que veáis un caso de acoso escolar. Está comprobado que de nada sirve eso de hablar con los padres o mantener una charla con el agresor. ¡Basta de partes! Si hay que expulsar 3 días a un agresor en potencia se le expulsa. Si hay que castigarle 5 días sin recreo se le castiga. Si hay que incluirle en un programa de orientación de cumplimiento obligatorio se hace.
  • Acudid a psicólogos y terapeutas si os veis desbordados por la situación. Ellos mejor que nadie sabrán cómo ayudaros.  
Para terminar, recalcar que espero que mis palabras puedan ser de ayuda. No me ha sido fácil hacer este post y hay muchas cosas que he tenido que obviar porque no quiero que las personas que me quieren las descubran. Unámonos todos para acabar con el acoco escolar. Recordad que estamos hablando de niños. 
No se merecen sufrir por culpa del odio de otros. 


2 comentarios:

  1. Cuanta razón Lara. Yo también estuve en ese mismo lado del bullying. Y me costó mucho, muchísimo salir. Curiosamente uno de los empujones más fuertes también fue salir de España por una temporada. Y, bendito sea, el día que empecé la universidad y pude empezar desde cero. Y qué de acuerdo estoy con que los profesores se hacen los ciegos o se acobardan, y con que hablar no sirve para nada. A mi me llegaron a obligar a hacer un trabajo en grupo con uno de los "agresores" con la intención de "así os haréis amigos". Muchas verdades en este texto!

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    1. ¡Muchas gracias por el comentario! Todos somos víctimas y somos más de los que la gente piensa. Lo importante es ir saliendo y tratar de olvidar, sobre todo darse cuenta de que ni tú ni yo fuimos responsables de los actos de esas personas.

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