Mi viaje por Polonia: Varsovia

El viaje que realicé por Polonia duró cinco días y tenía como principal objetivo visitar a mi mejor amiga, polaca y que está allí trabajando y estudiando. No obstante, debido a su trabajo, tuve mucho tiempo de hacer turismo y la primera parada del viaje fue Varsovia, en la que pude pasar dos días recorriendo sus calles y sorprendiéndome, esa es la única palabra posible que puedo encontrar, de su limpieza y por supuesto belleza.
Varsovia es la capital de Polonia y lo primero que me llamó la atención fue la proliferación de edificios y rascacielos modernos que presiden la ciudad nada más entrar en ella. Yo no tenía ni idea de la existencia de estos rascacielos, no me imaginaba que Varsovia tuviera un skyline tan imponente y, dicho sea de paso, bonitos. Mi amiga me explicó que son de construcción reciente y que la mayoría albergan hoteles como el Marriot u oficinas de empresas y compañías internacionales. En contraste con los rascacielos destaca la presencia del Edificio de Cultura, una réplica de uno similar ubicado en Moscú y que fue un regalo de los soviéticos al pueblo polaco, cosa que no gusta demasiado y os explicaré ahora mismo el motivo.
Si algo he aprendido de mi viaje a Polonia es que el pueblo polaco ha sufrido lo indecible, cosa que ha hecho que se convierta en una nación fuerte y valiente. Tenéis que tener en cuenta que no solo sufrieron los ataques y crueldades de los alemanes. No. Tras la liberación, en 1945, los soviéticos siguieron diezmando a la población y cometiendo casi las mismas atrocidades que los nazis. Tal vez, por esa razón, el monumento a la cultura del que os he hablado no gustó demasiado durante muchos años.

Skyline de Varsovia

Edificio de Cultura



Como todos sabréis, Varsovia fue una de las ciudades más castigadas por la invasión de los alemanes en los años 40. A consecuencia de la presencia nazi y de los múltiples bombardeos, el casco antiguo de la ciudad fue reducido a escombros y cenizas, pero el pueblo polaco supo resurgir y lo reconstruyeron a imagen y semejanza del antiguo. Y es una de las mayores atracciones de Varsovia. La parte más antigua está salpicada de fachadas y edificios pintados con colores llamativos como el rojo, verde o amarillo y a cada paso que das te encuentras con imponentes y preciosas iglesias. Durante la visita por el casco antiguo, la primera iglesia en la que entré fue la de Santa Cruz, una de las más importantes del lugar, de líneas sencillas y erigida a finales del siglo XVII, en la que se puede encontrar un monumento en recuerdo del pianista Chopin. Puede parecer algo truculento, pero en el interior de dicho monumento se encuentra enterrado el corazón del célebre compositor polaco. Posteriormente me enteré de que también se encuentra en dicha iglesia el corazón del escritor laureado con el Nobel de literatura Władysław Reymont.



Como digo, Varsovia sufrió en sus propias carnes la amenaza alemana y muchos son los monumentos o esculturas que se levantaron para honrar a aquellos que fallecieron en las múltiples batallas que acontecieron durante aquellos años o a las víctimas del exterminio que se llevó a cabo en los campos de concentración de Auswitch y Birkenau. Dentro de este apartado hubo dos monumentos que me emocionaron.
El primero es la llamada Tumba al soldado desconocido, que es un pequeño recuerdo a todos aquellos héroes anónimos que batallaron por Polonia durante la Segunda Guerra Mundial. La tumba, junto a la que descansa un fuego que nunca se apaga, se encuentra bajo las arcadas del Palacio Sajón y está rodeada por placas en las que consta el nombre de todas las batallas en las que participó el pueblo polaco. Tuve además la gran suerte de poder grabar el cambio de guardia. Emocionante y sobrecogedor.
El segundo monumento en recuerdo de las víctimas de la guerra que me provocó mucha emoción fue el dedicado al alzamiento de Varsovia. La escultura recuerda a los héroes del alzamiento y representa a los insurgentes que salen de debajo de los pilares de un puente y a los que entran en el sistema de canales para escapar de los nazis.

Monumento al Alzamiento

Es bonito también el monumento dedicado a Copérnico, otra de las figuras célebres de la historia polaca, la barbacana o el monumento erigido a los héroes del gueto.
Son muchas las atracciones que se pueden visitar en Varsovia y la verdad es que creo que en dos días lo podéis ver todos. Eso sí, no os podéis perder el Museo del Levantamiento. Es la mayor atracción de la ciudad y una muy buena lección de historia con la que podréis comprender un poco más lo que significó para los polacos la invasión de los nazis, las consecuencias que se derivaron de ella, testimonios de algunas víctimas, contemplar objetos, prendas y armas de la época... ¡A mí me sobrecogió el corazón la exposición de un bombardero y las historias de algunos supervivientes!
En cuanto al apartado gastronómico, Polonia tiene una amplia variedad de productos entre los que destacan las carnas, las sopas, la patata... Probé varios platos típicos, pero el que más me gustó fue el de los pierogi, que son una especie de empanadillas elaboradas al vapor rellenas de todo lo que os podáis imaginar. Las que yo comí tenían el relleno de carne y champiñones. ¡Los dulces también están muy ricos y sobre todo si sois amantes de las cerezas! ¡Polonia es el paraíso de los postres y dulces elaborados con cerezas!


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